Cuando hasta las viviendas de lujo empiezan a fallar: ¿qué le pasa a la construcción en el Reino Unido?
Cuando incluso viviendas de lujo presentan fallos graves, no es un error aislado: es un síntoma de baja calidad
Cuando incluso viviendas de lujo presentan fallos graves, no es un error aislado: es un síntoma de baja calidad

No es una exageración decirlo: en el Reino Unido el problema no es que algunas casas se construyan mal, es que casi todo lo hace. La última señal de alarma viene desde uno de los lugares más caros del planeta: One Hyde Park gana una demanda de millones por defectos de construcción — y no por cualquier cosa: ha sido por tuberías mal instaladas que empiezan a fallar apenas tres años después de terminar las obras.
Sí, incluso donde el precio de las viviendas es altísimo y las expectativas de calidad deberían ser máximas, los errores constructivos están generando problemas que terminan en los tribunales.
Y eso nos lleva a hacernos la pregunta que realmente importa: ¿por qué está ocurriendo esto?
Según el análisis publicado en The Guardian, no se trata de un caso aislado o de mala suerte, sino de un problema estructural muy profundo:
En países como Alemania, cada oficio está regulado y certificado con rigor: albañiles, fontaneros, carpinteros… todos deben demostrar competencia antes de poner un pie en obra. En el Reino Unido, en cambio, no existe ese nivel de exigencia formal. Eso ha arrastrado a una caída generalizada de habilidades profesionales.
Lección: valorar la formación y la certificación técnica no es un gasto, es una inversión en calidad
Los modelos contractuales que priorizan reducir costes y tiempos sin contemplar mecanismos de control independiente han desplazado la supervisión seria. En algunos casos, quien construye termina también certificando su propio trabajo.
Eso no solo permite errores evitables, también incentiva atajos. Y cuando esos atajos fallan, el remedio cuesta decenas de millones — como estamos viendo en One Hyde Park.
Hay miles de normas que regulan desde anchos de puertas hasta materiales permitidos, pero en la práctica no hay suficientes inspecciones ni mecanismos eficaces de verificación de obra.
Es decir: hay reglas, pero no hay resultados.
No importa si es vivienda social o apartamento de lujo: el denominador común es la reducción de costes por encima de todo. Eso lleva a elegir materiales más baratos, menos supervisión y contratos poco equilibrados.
Una curva peligrosa que tarde o temprano pasa factura.
Porque aquí no hablamos de cifras abstractas ni de bloques lejanos: hablamos de qué puede pasar si permitimos que la calidad quede siempre en último lugar.
Lo que está ocurriendo en el Reino Unido nos recuerda algo fundamental:
las normas sin cultura que las respalde son papel mojado
la formación técnica no es opcional, es el suelo sobre el que se levanta cualquier obra sólida
la supervisión profesional independiente protege a todos, incluso a quienes pueden pagar millones por su casa